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¿Qué hacer con el vestido de novia tras la boda?


Mucho se habla de los preparativos para el gran día de la boda y, sin embargo, lo que pasa después del mismo se desatiende fruto de la “caducidad” del evento. El vestido de la novia es, precisamente, uno de los mayores gastos de la boda, junto con el banquete, y, tradicionalmente, una vez pasaba el día, se metía dentro de un armario y no volvía a utilizarse en toda la vida. Pero la tendencia está cambiando.

Cada vez es más común que las novias compren su vestido con la idea de poder reutilizarlo en el futuro, ya sea para ir a eventos de gala o a otras bodas, pero esta vez como invitada. Para poder llevar a cabo un “reciclaje” adecuado, es importante que el vestido original para la boda no tenga demasiada pedrería, ni escotes asimétricos o excesivos detalles. Lo mejor es optar por líneas sencillas que puedan servir “tanto para un roto como un descosido”.

Otros modos de darle algún uso al vestido es alquilarlo a través de páginas especializadas que ya existen en la red, y, de este modo, ir recuperando poco a poco la inversión que realizó la novia con su compra  o, directamente, venderlo y, si el vestido se ha revalorizado durante el tiempo que ha estado en poder de la novia, sacar un buen partido de él.

Por último, aunque no muy recomendable, es hacer como Kevin Cotter. Este marido despechado es el creador del libro “101 formas de reutilizar un vestido de casamiento”, y en él recicla el vestido de boda de su exmujer convirtiéndolo en un traje para Darth Vader, usándolo como cometa, mantel o lienzo para plasmar su arte en él.


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