Atendiendo al significado de sostenible que da la RAE “Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes”, una boda no es sostenible por definición. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, está creciendo una tendencia para hacerlas cada vez más adecuadas con el medio ambiente y con el entorno que rodea a la ceremonia y al acto en sí de casarse.

La moda, por así llamarla, comenzó en 2004 en Reino Unido. Allí, la inglesa Becci Coombes y su marido Burr decidieron que sus trajes deberían ser reciclados, así como los regalos y la decoración, con el fin de ahorrar dinero. En 2005, otra inglesa, Katie Fewings, celebró una boda ecológica que sirvió como pistoletazo de salida de la empresa que poco más tarde creó “Ethical Wedding”.

Desde la página web de la empresa, que promedia más de 30.000 visitas al mes, se encargan de organizar todas las características especiales que tienen que cumplir este tipo de ceremonias: disponer de flores que sean de temporada, que el viaje de luna de miel se realice mediante transporte que no contamine, que los regalos puedan ser donados a la caridad, y así con un largo etcétera. Evidentemente, tener en cuenta todo este tipo de requerimientos no sale nada barato pero, como en cualquier boda, ya se sabe que el amor (y la sostenibilidad en este caso) mueve montañas.

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