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El Palacio Gran Ducal, protagonista de Luxemburgo por un día


El Palacio Gran Ducal, en pleno centro de Luxemburgo, fue testigo de la última gran boda de la generación de herederos de las principales monarquías europeas. Entre sus paredes, que cuentan con más de cuatro siglos de historia (fue construido en 1572), tuvo lugar el banquete principal de la ceremonia que casó al Gran Duque heredero, Guillermo de Luxemburgo, y la condesa de Lannoy.

Tras un duro periplo durante la II Guerra Mundial, donde los bienes del Palacio fueron expoliados y se usó como taberna y sala de conciertos por los nazis que lo ocuparon, recuperó su esplendor a partir de 1945 con el regreso del exilio de la Gran Duquesa Carlota, convirtiéndose de nuevo en la sede principal de la Corte del Gran Ducado.

Tras una intensa reforma en los años 90, actualmente el Palacio es la principal residencia de los monarcas del pequeño país centroeuropeo, y sirve como alojamiento para las visitas reales que reciben los monarcas y su familia. Por ello, gran parte de los fastos de la boda de Guillermo de Luxemburgo se festejaron en él aunque, para casarse en un Castillo y sentirse como un príncipe o una princesa no es necesario tener ningún título nobiliario.

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