Todo lo que empieza acaba, ¡incluido el verano! Confiamos en que, tras haber disfrutado de las vacaciones, estéis de vuelta con energías renovadas para afrontar un otoño maravilloso. Y es que, lejos de concluir con el periodo estival, la temporada de bodas resurge con la caída de la hoja. Sí, cada vez son más quienes optan por aguardar a la llegada del otoño para celebrar su gran día, ¡y no nos extraña en absoluto!

Cabría pensar que octubre es un mes más propicio para las lluvias, y que las posibilidades de que un desagradable chaparrón nos arruine la jornada son mayores, pero lo cierto es que el de este mes es uno de los climas más estables del año. ¿A cuántas bodas hemos asistido en mayo o junio, confiando en disfrutar de temperaturas agradables y cielos despejados, para luego llevarnos una sorpresa?

El entretiempo es ideal tanto para anfitriones como para invitados. Ellos se libran de las incómodas manchas de sudor, ellas se aseguran un maquillaje duradero, y todos disfrutan de la celebración, ya sea en el exterior, sin pasar excesivo frío o calor, o en el interior, sin sufrir los aires acondicionados. Por no hablar del gran abanico de posibilidades que se abre en cuanto al vestuario, con la posibilidad de jugar con complementos y prendas impensables en otras épocas.

Y es que sin duda el otoño es la estación del romanticismo. La luz resulta sencillamente perfecta, tanto para el reportaje fotográfico como para que todos los asistentes al evento guarden en la retina estampas de ensueño. Momentos inolvidables en marcos únicos, porque las gamas cromáticas de esta época no hacen sino jugar a nuestro favor: ocres, naranjas, verdes, tonos tierra… Optar por todos estos tonos, en un estilo global rústico o vintage, haciendo uso de ramas y frutos de la época será todo un acierto, y la boda ganará en calidez y originalidad.

Y hablando de aciertos y originalidad, ¿qué tal un ramo de novia a base de hojas y flores secas? Pensadlo, ¿por qué no? La decoración nupcial en otoño, tanto para centros de mesa como para salones o jardines tiene nombres propios: crisantemos, rosas, girasoles, dalias…

Porque sí, no cabe duda de que en este apasionante mundo de las bodas todo es cuestión de gustos, pero el otoño gusta, y cada vez más.

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